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Protocolo de Kyoto

El 11 de diciembre de 1997 en la ciudad de Kyoto, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) logró que los países industrializados se comprometieran a reducir la emisión de seis gases de efecto invernadero en un 5%, tomando como referencia las emisiones de 1990. El objetivo debía cumplirse entre 2008 y 2012. No obstante, el acuerdo no se convertiría en obligatorio hasta que los países industrializados responsables de al menos un 55% de las emisiones de estos gases lo ratificasen. Esto ocurrió cuando Rusia lo ratificó el 18 de noviembre de 2004, después de conseguir que la UE pague gran parte de su reconversión industrial. El 16 de febrero de 2005, el protocolo entró en vigor. Aunque el objetivo es global, cada país eligió sus propias metas particulares, que pueden superar ese 5%.

 

Por su parte, la UE, como parte activa en la lucha contra el calentamiento global, decidió superar el objetivo del protocolo y rebajar sus emisiones en un 8%. Para ello, se asignó una cuota a cada uno de los países, teniendo en cuenta su desarrollo económico y sus posibilidades. En este sentido, a España se le permitió aumentar hasta un 15% sus emisiones respecto al año 1990, el  país más favorecido solo por detrás de Portugal (27%) y Grecia (25%). Alemania y Dinamarca, por ejemplo, debían reducir sus emisiones en un 21%.

 

Sin embargo, según el Inventario de Gases de Efecto Invernadero llevado a cabo por el Ministerio de Medioambiente, en 2008 la cifra de emisiones supera en más de un 40% a la de 1990. Esto convierte a España en el país de la UE que más difícil tiene cumplir con lo pactado. No obstante, ha sido el elevado crecimiento económico entre 1990 y 2007 el que ha provocado este desfase. Cabe señalar,  positivamente, que España es uno de los países con mayor grado de energía eléctrica generada mediante energías renovables.

 

Puedes descargarte en PDF la versión en castellano del protocolo de kyoto


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